2019-09-30

En respuesta a los planes del ayuntamiento de San Sebastián para “controlar” la población de gaviotas

Un periódico local ha informado recientemente de los planes del ayuntamiento de San Sebastián para “controlar” la población de gaviotas locales. La razón aducida es que a algunas personas les molesta su presencia, sobre todo en la playa donde cada vez se muestran más confiadas. Paradójicamente, se da la circunstancia de que la concejalía que ha sugerido esta medida de “controlar” a las gaviotas es la concejalía de ecología. Una total impostura, ya que una concejalía de ecología, en vez de promocionar un modelo de ciudad donde una parte de los animales silvestres sobran, debería de velar por la protección del patrimonio faunístico.

Habría que recordarle al concejal de ecología que en San Sebastián -a diferencia de otros pueblos costeros donde sí pueden darse problemas de convivencia- no llega a la decena el número de nidos de gaviota patiamarilla en edificios urbanos. Además, convendría subrayar que la población de gaviota patiamarilla en la costa vasca está estabilizada o incluso experimentado un ligero descenso.



Por otro lado, el concejal de ecología debería de saber que San Sebastián, y concretamente la desembocadura del Urumea, es uno de los mejores puntos del País Vasco para la observación y fotografía de diferentes especies de gaviotas -algunas de ellas catalogadas como rarezas- y que atrae a multitud de ornitólogos. Además, la desembocadura del Urumea también es visitada por aficionados a la lectura de anillas de gaviotas que colaboran en estudios de diferentes proyectos de anillamiento europeo -ejercicio evidente de ciencia ciudadana-. Ambas actividades estarían en riesgo si se tomaran medidas para acosar a las gaviotas locales o a aquellas que recalen en San Sebastián durante sus viajes migratorios. Y tampoco deberíamos olvidar la producción científica que Aranzadi viene generando en relación al estudio de las gaviotas, en gran medida centrada en las poblaciones locales.

Demandamos a la concejalía de ecología que priorice la defensa del patrimonio faunístico local, ya de por sí maltrecho, y no de cauce a discursos totalmente alarmistas que promocionan una visión de una ciudad donde parte de la fauna silvestre es prescindible.

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