2012-01-19

¿Sirve de algo la normativa de conservación?



No es la primera vez que a los conservacionistas nos toca hacer de Pepito Grillo, de martillo de herejes y de dedo acusador, y ejercer  forzosamente cometidos de tal estilo ante la inoperancia de las instituciones y de los agentes sociales y económicos responsables. Nos invade una sensación terrible de que llueve sobre mojado y de que aquéllos a quien pagamos para que ejerzan esa función fiscalizadora y ejecutiva, por un lado, aquéllos a quienes les afecta directamente la normativa, por otro, y los informadores, finalmente, todos ellos pasan olímpicamente de la cuestión.

En esta ocasión el motivo nos lo brinda la prensa: Mercado de Ordizia del 18 de enero de 2012: “Aparecen en la plaza las primeras ramas de mimosa”.

Diversos medios nos informaban apenas un par de meses antes de la aprobación definitiva del catálogo español de especies exóticas invasoras. El Decreto que lo regula establece un listado de especies invasoras y otro de especies con potencial invasor. Asimismo, regula cómo se han de gestionar, cuándo procederá incluir o eliminar especies  los listados y, lo más importante, qué consecuencias prácticas tendrá la inclusión de una especie en ellos.

El lector a estas alturas lo habrá barruntado: efectivamente, la mimosa es una especie invasora incluida en el catálogo como tal, y en consecuencia le son de aplicación las limitaciones que dicta el referido decreto. A saber:

La inclusión de una especie en el Catálogo, de acuerdo al artículo 61.3 de la Ley 42/2007, conlleva la prohibición genérica de su posesión, transporte, tráfico y comercio de ejemplares vivos o muertos, de sus restos o propágulos, incluyendo el comercio exterior.

Existen, aparte de las propias instituciones, varios sectores económicos que deberían haberse puesto las pilas con este asunto: productores de flor y planta ornamental, comerciantes de animales de compañía, jardineros… todos ellos son susceptibles de contribuir a la importación y a la difusión de especies invasoras. Desconocemos qué pasos se han dado de cara a informar y concienciar a estos sectores; en cualquier caso, en estas circunstancias y en tanto se procede a ello, creemos que ha llegado el momento de acometer este trabajo trabajando con ellos desde Gobierno y Diputación.

Y, en lo que hace a la DFG, quisiéramos reiterar nuestra exigencia de que no se celebre una sola vez más la feria de plantas de colección en el Parque Natural de Pagoeta. No es de recibo llevar deliberadamente a una zona destinada a conservar la naturaleza riesgos de invasiones biológicas. Ahí está Fraisoro, que lo hagan allí.

El problema de las especies exóticas invasoras es grande. Las consecuencias de su proliferación a veces se quedan en ‘simples’ problemas de conservación que, a la vista de lo que pasa, parece que importan a muy pocos, pero en ocasiones causan pérdidas millonarias, como el mejillón cebra o el hongo Fusarium, importado de Monterrey por (ironías del destino) las propias diputaciones forales y el Gobierno Vasco, en su irrefrenable afán de promover aún más el cultivo de pino insignis en nuestra castigadísima vertiente cantábrica.

Un ejemplo de lo que puede pasar si no se toma el asunto en serio.

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