conservación etiketadun mezuak erakusten. Erakutsi mezu guztiak
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2014-01-18

Mendi-lasterketak eta naturaren kontserbazioa: denak ez du balio

Duela hiruzpalau urtez geroztik gure elkarteak, blog honetan bertan eta bestela, gutxienez gure eremu natural babestuetan egiten diren honelako lasterketak arautu eta mugatu behar liratekeela salatu du, eta Gipuzkoako Foru Aldundiari behin eta berriro eskatu dio Zumaiako Flysch Trail delako lasterketa debeka dezala.

Alferrik, ia beti bezala.

Oraingoan Katalunia aldetik datoz gure salaketaren zentzu bereko kritikak. Bartzelonako La Vanguardia egunkariak oso artikulu interesgarria argitaratu du, eta gomendagarria iruditu zaigu. Hona hemen testua:

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Carreras de montaña: al filo de lo insostenible

La proliferación de competiciones y deportistas en espacios de protección especial provoca una fuerte polémica | Los parques naturales autorizan la avalancha de deportistas sin haber definido los planes de uso | Los expertos piden que se evalúen antes los posibles daños y fijar cupos máximos

Natural | 13/01/2014 - 00:00h | Última actualización: 14/01/2014 - 07:46h
Carreras de montaña: al filo de lo insostenible
Tres corredores de la Transgrancanaria, cerca de Giles, a 7 km de la meta (Las Palmas) Xavier Cervera 
 
La proliferación de carreras de montaña en las que participan centenares de deportistas en espacios naturales protegidos empieza a ser una amenaza para algunos de estos enclaves. Ésta es la alerta que lanzan algunos expertos ante el vacío legal existente. España cuenta con infinidad de espacios naturales protegidos, pero las avalanchas de deportistas son autorizadas sin que los parques naturales cuenten con un plan rector de uso y gestión, el instrumento de planificación que establece las normas para zonificar sus usos.
Las carreras de montaña viven un éxito fulgurante en España. El número de competiciones y participantes crece y crece, catapultado por la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (Fedme), clubs, empresas y particulares involucrados en su organización. Gozar de la naturaleza era, antes, sinónimo de excursión relajada. Pero hoy los deportistas entran en los espacios naturales para recorrerlos de cabo a rabo a toda velocidad.
“Es previsible que el conflicto entre el uso y la protección de la naturaleza vaya en aumento, teniendo en cuenta que cada vez hay más corredores y más carreras de montaña que congregan a miles de personas”, señala Manuel Oñorbe Esparraguera, consultor de medio ambiente y corredor de montaña, cuyas críticas han tenido gran eco en las redes sociales.
“Lo novedoso es que muchas iniciativas concentran la competición en lugares difíciles y aislados pero buscando territorios de gran valor biológico”, destaca Roberto Hartasánchez, director de la Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (Fapas).
Las alarmas se encendieron el 13 de septiembre, en la carrera Desafío Oso Somiedo en el parque natural de Somiedo. Fapas denunció que en el itinerario los deportistas podían toparse con los osos; y tras su denuncia a la Fiscalía, ésta obligó a los organizadores a modificar el itinerario. En cambio, la Fundació Oso Pardo apoyó el recorrido a juzgarlo compatible con la protección del gran mamífero.

Uso mercantil
El fenómeno ha irrumpido con fuerza, lo que ha permitido también alimentar una nueva actividad económica. “Esta es una oportunidad de ganar mucho dinero; es un negocio”, recuerda Josep Maria Mallarach”, experto en gestión de la naturaleza yprofesor de master de espacios naturales en la Universidad Autónoma de Madrid. En estas competiciones, participan en ocasiones centenares e, incluso, miles de personas. El aficionado que no hace la reserva con suficientes antelación se queda sin participar en la competición y en otras ocasiones las plazas se agotan en cuestión de horas. Toda esta movilización seduce además a las empresas patrocinadoras, “por lo que estamos antes una utilización mercantil de un espacio natural, con la justificación de un actividad deportiva”, sentencia Hartasánchez, el director de Fapas.
Para obtener los permisos, los organizadores sólo requieren la presentación de un dossier de la prueba y, en contadas ocasiones, la Administración hace alguna consideración o modifica el recorrido, señala Manuel Oñorbe. Hartasánchez sostiene que estas competiciones, con asistencia masivas “pueden tener impactos ambientales negativos”, puesto en muchos casos se abren nuevas rutas (atajos en la carrera). “Hablamos de cientos de personas que se mueven en grupos que irrumpen del golpe en un punto concreto haciendo mucho ruido”, dice.

Polémica en Aragón
Las críticas se dirigen hacia las carreras de montaña del Pirineo aragonés (el Gran Trail del Aneto-Posets), que se celebran en julio. Las del año pasado incluyeron tres competiciones, con una partición de 3.000 plazas en dos días, y se desarrolló en seis espacios naturales (entre ellos, el monumento natural Glaciar Posets o el parque natural Posets-Maladeta). Erosión del suelo, pérdidas y daños en la vegetación por pisoteo, molestias en la fauna son algunos de impactos que podrían darse.
Para la edición del 2014, se han reducido los cupos en dos pruebas, pero no había un límite de plazas para el Maratón de Las Tucas (aunque tras conocer las quejas por este diario, José Luis Hernández, gerente de la Asociación Turística Empresarial del Valle de Benasque, la entidad promotora, subsanó al instante el “fallo de la página web” y fijó 1.500 plazas).
Precisamente, la Diputación General de Aragón replicó que las carreras en los espacios protegidos requieren una autorización del órgano ambiental (decreto del 2005); pero admitió que aún no está aprobado definitivamente el plan rector de uso y gestión del parque natural Posets-Maladeta, encargado de introducir modificaciones en el itinerario o establecer las garantías para corregir los daños que pueden ocasionarse en el medio natural (incluida la limpieza posterior de la actividad). A estos efectos se podrá solicitar el depósito de una fianza. La redacción del Plan rector de uso y gestión está en la fase final, sólo pendiente del informe del consejo.

La opinión de la Federación
La Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (Fedme) sostiene que cuando las carreras se hacen con el reglamento de esta entidad, “se toman medidas que se cumplen a rajatabla”. Así, una vez celebrada la competición, “en la zona no quede ni rastro”. La Fedme pone a los organizadores condiciones sobre señalización o la recogida de residuo, y obliga a seguir un sendero de forma obligatoria, bajo amenaza de sanción. Además en el2013 se introdujo la figura del árbitro ambiental, que realiza un informe al acabar la prueba. El año 2013 se ha introducido la figura del “árbitro ambiental”, que realiza un informe al finalizar la prueba para comprobar si han existido afecciones al medio ambiente, fundamentalmente de basura o restos de señalización. La Fedme señala también que en algunas pruebas se pacta incluso con los organizadores una limitación de los participantes. “Pensamos que en todo esto (el daño ambiental) hay más ruido que nueces”, señala el portavoz de la Fedme, para quien la excepción puede darse en las carreras privadas promovidas por deportistas no federados, particulares o empresas, “en las que sí se pueden haber dado impactos”. La Federación ha publicado un estudio sobre la incidencia socioeconómica y ambiental de las carreras de montaña por el medio rural y natural, en el que se establecen, entre otras cuestiones, una serie de recomendaciones de interés para los organizadores, tanto en relación con las posibilidades de aprovechar la prueba para el desarrollo rural como para prevenir los impactos medioambientales en el recorrido.

Evaluación ambiental
Manuel Oñorbe señala que en los informes sobre las carreras de montaña se centran en los residuos generados, “pero no analizan otros elementos, como las afecciones en el suelo, la fauna, la flora o los espacios naturales”. Este experto pide que cuando el recorrido atraviese zonas sensibles se elaboren informes preventivos –evaluables por la Administración– para justificar que la prueba no afecta al medio ambiente y valorar la capacidad de carga para limitar las plazas. “Cada vez, hay más sensibilidad sobre la protección de los espacios ante estas competiciones, pero se necesita una regulación de las actividades al aire libre en el medio natural”, dice Jordi García Petit, director del parque natural del Cadí, en donde se celebra la popular Ultra Trail Cavalls del Vent (83 km) y conocida por sus estrictas medidas para prevenir los daños en el parque.
El parque natural del Cadí-Moixeró solicita, como condición para que se pueda celebrar una carrera, que no exceda determinados límites y se siga un itinerario señalizado por la red de senderos habitual. No se pueden atravesar zonas sensibles y únicamente se pueden celebrar en épocas del año en que afecte menos a la flora y la fauna, lo que significa que principalmente están acotadas de septiembre a noviembre.

Y vetos en la carrera de Castellón
Tico Cervera, director de la carrera del parque natural Penyagolosa (Castellón), dice que los cuidados se están extremando. “Desde el año pasado ya no damos vaso; cada uno se lo debe traer”, cita como ejemplo. El año pasado, acataron el veto de la Administración, que les impidió pasar por una microrreserva de flora y este año no podrán encaramarse al pico de Penyagolosa, como querían.
Sergio Garasa Mayayo, editor de la web especializada carrerasdemontana.com, sostiene que las carreras ayudan a promover el desarrollo rural sostenible. “Las bicis de montaña o los vehículos a motor tienen mayor impacto que el trotar a pie, obviamente. La actividad de correr largo por la montaña no es hoy ningún negocio, sino una pasión compartida por muchos enamorados del monte. Somos los primeros en querer respetar la Naturaleza", explica Sergio Garasa Mayayo.

2013-05-20

Dilemas y agradecimiento

A veces sucede en esto de la conservación que por discreción deben ocultarse detalles que puedan comprometer la seguridad de los elementos (vivos) de mayor valor y vulnerabilidad, especialmente en un territorio tan humanizado como el nuestro. Si alguien descubre una nueva población, una colonia o un asentamiento de una especie de interés por cuya eliminación claman cazadores, agricultores, pescadores o madereros, vale más callar y trabajar en secreto… hasta que el inminente proyecto de una obra pública, un plan urbanístico, una prueba deportiva o incluso una actividad didáctica de carácter ambiental, obligan a mover ficha. ¿Qué hacer? ¿Divulgar y rezar para que nadie cometa burradas, incluso adrede? ¿O callar y resignarse? La respuesta siempre es la primera.


Entonces se impone hacer en un tiempo récord la labor que conscientemente no has querido hacer antes: alegar, divulgar y emplazar a las autoridades a que cumplan su cometido y conserven la población, colonia o asentamiento. Lo más triste de esto es la causa de tal actitud: los conservacionistas son conscientes de que no existe voluntad para ello en las instituciones encargadas de velar por la conservación de la naturaleza; y aún si en un momento hubiera voluntad, tampoco habría capacidad, ya que los medios humanos, financieros y materiales son a todas luces insuficientes para ejecutar su cometido como es debido.

A veces también falla el factor humano: deportistas, e incluso entidades deportivas, incapaces de asumir el valor del patrimonio natural vivo —sí, ése al que, si no tratamos bien, le da por extinguirse— que anteponen el placer particular de correr, pedalear, volar, escalar, pescar, navegar… en el medio natural y sin limitaciones, a la conservación de ese mismo entorno, patrimonio común, cuando a poco que se respeten unas mínimas limitaciones espaciales o temporales, o de intensidad, su actividad puede ser perfectamente compatible con la conservación. (Huelga decir que cuando la amenaza proviene del mundo de la pasta, el desencuentro es bastante más duro).

El caso es que nuestras precauciones nos obligan a estar pendientes de los medios de comunicación, pues las amenazas llegan del ámbito que menos se puede uno esperar, y cada vez va cobrando mayor peso en nuestra actividad habitual el ir apagando fuegos, cada vez con mayor frecuencia.


Sin embargo, a veces nos encontramos con personas y colectivos razonables y abiertos (¡incluso algún que otro cazador y algún que otro pescador!) que nos devuelven la esperanza y la confianza en nuestros semejantes. Recientemente han organizado entre una entidad administrativa y una asociación de defensa del medio una jornada divulgativa y de sensibilización sobre la conservación, a escasa distancia de una colonia de aves de reciente instalación, perteneciente a una especie que no ha criado en Gipuzkoa por lo menos en los últimos 60 años, y que está actualmente en fase de recolonización. La actividad bien podía interferir fatalmente con la reproducción de esta colonia, incluso hacer que las aves la abandonaran definitivamente. Afortunadamente, los organizadores (que, naturalmente, no estaban al corriente de la existencia de esta colonia, pues su ubicación no ha sido divulgada), tras ser informados por Itsas Enara, accedieron inmediatamente a trasladar la actividad a una zona segura. Desde aquí nuestro reconocimiento y gratitud a Iker, Imanol, Cristina y Anja. Por razones obvias, no queremos dar más pistas, pero tampoco queremos dejar de reconocer públicamente, así sea de esta forma tan críptica, su ejemplar actitud.

Milesker!

2013-05-07

Turismo y conservación: otra vez a vueltas



Los hechos son habitualmente tercos, y son lo suficientemente tercos especialmente cuando se trata de recordarnos que hemos hecho algo mal.
Recientemente publicábamos una alegoría sobre una zona natural costera de un país imaginario. Ahora vemos sobre el terreno, delante de casa, eso mismo que describíamos y denunciábamos.
Los promotores del camino Talaia, proyecto turístico de nueva creación, y construcción, que pretende duplicar los caminos existentes en la costa de Gipuzkoa bajo la excusa de unir por una vía pedestre Higer y Saturraran —algo completamente innecesario, puesto que YA existe un recorrido practicable para el recorrido GR121—, publicaron antes de su aprobación un mapa con el recorrido que proyectaban que, en lo que hace al biotopo protegido de Deba-Zumaia, preveía masificar las visitas al borde del cantil.
De nada ha servido retirar los folletos impresos precipitadamente de los puntos de información turística; internet funciona a un ritmo endiablado y el mal ya está hecho.
El pasado domingo, día 5 de mayo, cientos de personas recorrían la zona por el mismo borde del cantil, en una zona donde NO HABÍA camino ni sendero, provistos muchos de GPS, en una salida a todas luces organizada. No es de extrañar, ya que los promotores del camino no han retirado la señalización que precipitadamente instalaron en el monte desviando a los deportistas hacia la zona sensible.



El resultado es una zona pisoteada y una presencia previsiblemente alta de curiosos sobre zonas sensibles, senderos que serán previsiblemente usados por ciclistas y motoristas y se convertirán en nuevos cauces de drenaje que iniciarán nuevos procesos erosivos.

A lo que se añade la creciente falta de información y de sensibilidad de las nuevas hornadas de montañeros para con los baserritarras y las prácticas agroganaderas: prados de siega con la hierba a punto para cortar aplastados por hordas de ignorantes que siguen ciegamente a su GPS aunque no haya un mínimo indicio de la presencia de un camino. Total: el baserritarra de Pikote en contra de la protección de la naturaleza. Que nadie trate de convencerle de que la culpa es del uso indebido del monte. Lo que no entra en ninguna cabeza es que sean los mismos gestores políticos los empeñados en impulsar el turismo a costa de lo que sea y los encargados de proteger al naturaleza de las embestidas de la especie humana... incluido el turismo mal enfocado.