2009-07-18

Contestación a Alejandro Vázquez, concejal de Zarautz, sobre Inurritza

(Texto original, aquí) 
 
Zarautz, 18 de julio de 2009


En su día el concejal de medio ambiente de Orio, en referencia a las obras de destrucción de la playa y duna de su pueblo, decía orgulloso: “Nos está quedando magnífica la playa con las obras”. En Zarautz no le vamos a laz aga: Alejandro Vázquez, concejal del ramo, contestaba a Greenpeace este jueves pasado en estas mismas páginas, y difícilmente se puede desbarrar más en tan poco espacio.

Nuestro concejal de Medio Ambiente afirma que la duna es consecuencia de la existencia del campo de golf; habrá que preguntarse cómo es posible que existan tantas dunas en el mundo sin que nadie haya establecido un campo de golf antes sobre ellas. Yo, inocente de mí, pensaba, mire usted, que eran formaciones naturales que se dan en las costas bajas allá donde se dan ciertas condiciones, y que precisamente en nuestra costa han desaparecido masivamente por ocupación directa, sea por construcción de edificaciones, de aparcamientos, de infraestructuras… o de campos de deporte, incluido el golf. También dice, en un ejercicio de malabarismo dialéctico, que la práctica del golf es compatible con la protección de la zona siempre que no se desarrolle ningún tipo de actividad en la superficie protegida; es decir, siempre que no se juegue al golf. ¡Claro! El gran Groucho no lo habría explicado mejor.

Invoca también Vázquez la existencia de un Plan Especial “que regula” la zona baja de Inurritza. El concejal de Medio Ambiente no debería ignorar que el Plan Especial que ordenaba la zona protegida fue anulado a instancias de los herederos del Marqués de Narros, quienes lo impugnaron, junto a otras disposiciones más, en el marco de unas diferencias habidas entre sus intereses y los del Ayuntamiento, intrigas que tuvieron reflejo, como sabe, en las relaciones entre el golf y la Villa.

Si Vázquez defiende, y se refiere, al anterior Plan Especial, que ahora, tras la anulación del último, recobra vigencia, la cosa tiene su aquél, ya que se trata de un plan desastroso, un auténtico cúmulo de despropósitos, cuya redacción hace absoluta dejación de su objetivo declarado --a saber, la ordenación de una zona natural protegida legalmente-- y se dedica a agudizar su destrucción a base de urbanizar y ‘hormigonizar’ el área. Alude Vázquez a los criterios de Costas como si éstos fueran un ejemplo de abnegación conservacionista, cuando lo cierto es que el comportamiento de Costas es uno de los obstáculos más obstinados que encuentra la protección de Inurritza. Baste recordar que Costas, lejos de cumplir su cometido legal de velar por la protección y conservación del litoral, insistió en su día en prolongar el malecón hasta la desembocadura de la ría, destruyendo lo poco que nos queda de la duna original.

Defiende igualmente Vázquez que toda actividad existente con anterioridad a la protección legal es automáticamente declarada compatible con la conservación. En fin… más nos valiera a todos no confundir la realidad con los deseos propios. En Inurritza se lavaban coches, se rellenaba la marisma con escombro, se vertían basuras, se vertían residuos de jardinería del camping, se pescaba con artes de todo pelaje, el club de golf usaba libremente cuantos productos fitosanitarios quería, se cazaba (y se caza en la actualidad), se paseaba por la ría, se extraía arena… y existían docenas de actividades nocivas más que ahora, afortunadamente, cuando menos se han prohibido o limitado expresamente. Otra cosa es el control no del todo estricto que se ejerce. Así que no.

Por último, resulta decepcionante en grado extremo a la par que muy preocupante que todo un concejal de Medio Ambiente de Zarautz sea capaz de negar la existencia de una presión urbanizadora en el municipio, cuando ahora mismo la corporación a la que pertenece pretende destruir los humedales de Asti-Sakeletxe y de Irita, precisamente para dar rienda suelta a las apetencias económicas de los promotores inmobiliarios, so capa, como es habitual, de que en Zarautz faltan viviendas.

En definitiva, lamentable.

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